Santa María de Betania

Betania 1

Hace poco celebrábamos la fiesta de María Magdalena, y hoy celebramos la fiesta de otra María, María de Betania… Durante siglos y siglos, la tradición ha confundido a estas dos Marías; atribuyendo a la primera los rasgos de la segunda. La Escritura nos dice cosas distintas de las dos, mientras la Magdalena era una discípula itinerante, que seguía a Jesús desde Galilea, la de Betania vivía en su casa con su hermana Marta, y Jesús las visitaba. Hasta hace poco el 29 de julio era la fiesta de Santa Marta, pero la Iglesia ha ampliado esta celebración a su hermana María y a su hermano Lázaro. Se trata de una fiesta familiar, de intimidad, de la belleza de la Fe vivida dentro de los muros de casa.

Las dos hermanas eran muy diferentes. El relato del Evangelio de Juan nos presenta a Marta y a Maria reclamándole a Jesús no haber estado allí en el momento de la muerte de su hermano.
Jesús, que conocía la diferencia entre las dos, responde con argumentos de Fe a Marta, pero a María no le responde nada, solo llora con ella. Aquella mujer, que según el Evangelio de Lucas, había “elegido la mejor parte”, movió con sus lágrimas el corazón amigo de Cristo. La relación personal y afectiva que se había establecido entre los dos no necesitaba de palabras. Por su parte, Marta es la mujer que proclama la Fe en el Evangelio de Juan (lo mismo que hace Pedro en los Evangelios sinópticos)… es ella, una mujer, la confesora de la proclamación de la Fe que sirve como piedra fundante de nuestra Iglesia: “Yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que viene al mundo” (Juan 11,27).

El Evangelio de Lucas trae un relato de Marta que la presenta como una mujer atareada, quejándose de que nadie la ayuda. En Betania ella era la “mater familias”. Cuando Jesús le reprocha sus muchas preocupaciones, no es un desprecio por el trabajo de Marta, no es un huésped malagradecido que no sabe apreciar el que Marta se esté rompiendo el cuello por atenderlo. Jesús le está indicando que no puede perderse de la mejor parte, que era la relación con él. Ninguna tarea, familiar, pastoral, laboral o estudiantil debería interponerse en nuestras relaciones afectivas con los seres amados ni mucho menos en nuestra relación con el Señor.

Sebastián Barría A.
Área Creativa y Comunicaciones

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