Una pequeña porción

Una pequeña porción

A los pies de la ciudad de Asís, en medio de los árboles, cerca a los leproserías y a las villas de los pobres, había una capillita en ruinas, dedicada a Santa María. Francisco, fiel a las instrucciones del Cristo en San Damián, repara aquella capilla y la convierte en su casa. Es un lugar minúsculo… una “pequeña porción”, una “Porciúncula”. En aquel lugar, Francisco encuentra la ternura de la Madre. Es más, en la intimidad de aquellos cuatro muros antiquísimos, Francisco va a sentir que Santa María de los Ángeles gesta y da a luz a la pequeña fraternidad que se va formando allí. Primero llegan Bernardo, Pedro y Egidio, pronto serán doce, y un poco después, más de 5.000. La Porciúncula, aquella insignificante iglesita donde iban a rezar los pobres de aquel Valle, se convertía en la cuna y el corazón de un carisma llamado por Dios a renovar la faz de la Iglesia con la frescura del Evangelio vivido en sencillez, en pobreza, en fraternidad… en pasión por el Crucificado y los crucificados.

Francisco quiso llenar de un significado especial aquella primera Iglesia amada, aquel lugar de la Madre de Misericordia. En 1216, consiguió que el apenas recién elegido papa Honorio III le confiriera a la Porciúncula la gracia de la Indulgencia Plenaria. En aquel entonces, la indulgencia plenaria la recibían los soldados de las cruzadas o santuarios de muchísima importancia… y Francisco consigue el mismo privilegio para su pequeña casa. ¿Para qué? El 2 de Agosto de aquel año, Francisco lo dijo a cuatro voces ante la multitud reunida… “Quiero llevarlos a todos al Paraíso”. Este deseo de Francisco de Asís de querer empujar al mayor número de personas a la Salvación está en el corazón de esta fiesta… Hoy es un día para renovar nuestro anhelo del cielo y nuestro compromiso con la salvación de los hermanos.

Los Papas posteriores han confirmado el privilegio de la Porciúncula y han extendido ese privilegio a las Iglesias Franciscanas del mundo y a las propias parroquias… bastan los requisitos comunes de la confesión, comunión y oración por las intenciones del sumo pontífice. Vivamos este día ante la presencia de Santa María de los Ángeles, con anhelo y deseo del cielo.

Allí, en aquella iglesita, Clara de Asís fue consagrada en la noche del 18 de Marzo de 1212… que ella, con su intercesión, junto al seráfico padre San Francisco, nos alcancen de Dios el seguir caminando por sendas de vida nueva.

Sebastián Barría
Área creativa y comunicaciones

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