¿Qué haría Cristo en mi lugar?

¿Qué haría Cristo en mi lugar?

La respuesta de San Alberto ante los rostros sufrientes

En este mes de la Solidaridad, la Iglesia Chilena recuerda la figura del sacerdote jesuita Luis Alberto Hurtado Cruchaga, nacido el 22 de enero de 1933 en Viña del Mar y que el 18 de agosto de 1952, deja este mundo «Contento, Señor, Contento», porque sirvió feliz a su patroncito Jesucristo el Señor, en el rostro de los jóvenes y los más pobres del Chile de la primera mitad del siglo XX.

Si bien, la comunidad chiloense se ha caracterizado por su espíritu generoso a lo largo de los años, colaborando en experiencias solidarias, tales como las mingas donde todo se disponen para trabajar por un objetivo común o ayudar a un vecino o bien el medan, compartiendo de lo que poseen para salir en ayuda de aquellos que se encuentran necesitados para salir adelante. En este mes, podemos reflexionar sobre nuestra propia realidad solidaria, reconociendo nuestra bonita historia, para animarnos a seguir al Cristo sufriente, como lo hizo San Alberto Hurtado SJ., que entregó hasta superar sus límites, porque descubrió que hay más alegría en dar, que en recibir.

En el Padre Hurtado reconocemos a un hombre que en su historia personal, siempre tuvo una gran conciencia social, pues del ejemplo de caridad que tuvo de su Madre doña Ana Cruchaga Tocornal, quien fue una gran benefactora de las obras de los Patronatos, instituciones nacidas de la Iglesia Católica como resultado de la Enciclica Social del Papa León XIII «Rerum Novarum», las cuales ayudaban a las poblaciones obreras entregandoles habitación, educación, entretenimiento y salud, a fin de mejorar las condiciones de vida, de aquellos campesinos que llegaron a la ciudad a buscar nuevas oportunidades. Por medio de su Madre, el joven Alberto conoció al sacerdote franciscano Fray Luis Orellana ofm, religioso que acompañó al Santo en su apostolado social en el Patronato de San Antonio de Padua en Santiago y ante sus dudas de tomar el camino de la vida consagrada.

El joven Alberto reforzó su compromiso social cuando estudió la carrera de Derecho en la Pontificia Universidad Católica de Santiago, escribiendo sobre el sindicalismo, el trabajo de los niños y de las mujeres trabajadoras de la industria textil. Alberto Hurtado conoció la realidad de cerca de los pobres e intento desde el Derecho buscar soluciones a sus problemas, distribuyendo justicia para aquellos que sufren las desiguales del Chile de la primera mitad del siglo XX.

En sus deseos de transformar la sociedad de su época, Alberto Hurtado descubre en Cristo la respuesta a sus búsqueda y desde su consagración dentro de la Compañía de Jesús, el Santo se transforma en un fuego que enciende a otros fuegos, primero convocando a las juventudes e invitándoles a mirar con compasión a su entorno, así como Jesús miró a los suyos en su tiempo, «los cuales eran como ovejas sin pastor» (cf.Mt 9,36), dándoles de comer, sanando sus dolencias y anunciando el Reino, Alberto construyó un Hogar para los preferidos de Cristo, para darles de comer, limpiar sus heridas y anunciar la Buena Nueva a los Pobres.

Con esta breve reseña de la vida de este Santo Chileno, queremos animarles a descubrir, cómo surge esta pregunta: ¿Qué haría Cristo en mi lugar? Pues, San Alberto Hurtado, siempre tuvo presente en su vida el rostro sufriente de Cristo en los pobres, desde su familia, su cercanía con la Iglesia, sus estudios y su vocación sacerdotal. El Padre Hurtado, al igual que San Francisco de Asís, reconoció a un Cristo Pobre y Crucificado en su prójimo, porque hizo el bien con los más pequeños de su tiempo (cf. Mt 25, 40). Al igual que el Buen Samaritano (cf. Lc 10, 29- 37) no hizo discriminaciones, sino se compadeció del Cristo sufriente y salió al encuentro de él, porque el «Pobre es Cristo».

Hoy en día, este mes nos ayuda a salir de nosotros mismos, para salir al encuentro de los demás, para reconocer la fragilidad de los demás, acudiendo en sus necesidades, siendo fuegos que encienden otro fuegos (cf. Lc 12, 49), entregando en la vida el corazón para construir una sociedad más justa y equitativa, reflejo del Reino de Dios en la tierra. Que en San Alberto Hurtado, seamos capaces de convertirnos en cristianos más humanos, dispuestos amar y servir a nuestros hermanos y hermanas, especialmente a los más vulnerables de nuestra sociedad chilena y en particular en nuestro archipielago de Chiloé.

Fray Pablo Rojas ofm
Fraternidad Dulce Nombre de Jesús

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