La Palabra de Dios en la vida de San Francisco de Asís

La Palabra de Dios en la vida de San Francisco de Asís

A la luz de sus Escritos

I. Contexto

En el tiempo de Francisco la Palabra de Dios se leía o estudiaba en tres espacios vitales; Primero monasterio, el método de acercamiento era la Leccio Divina, teniendo como finalidad para el monje la virtud personal, ésta era enseñada por el abad. Segundo la escuela o academia, dirigida a una elite y enseñada no por el Abad sino por el maestro. Tercero los movimientos evangélicos laicales, que asumiendo la invitación del papa Gregorio VII de reformar la Iglesia, hacen una fuerte referencia directa al Evangelio, y miran la vida desde la Palabra. El primado lo tiene la Palabra y la Predicación. El Evangelio, responde a los cuestionamientos de la vida en todas sus dimensiones, políticas, sociales y religiosas. En el fondo, la mirada y el corazón de estos grupos se centra en la Palabra Encarnada, que los lleva a colocarla en el centro de la vida misma. A estos grupos pertenece Francisco y su fraternidad minoritica.

Por otro lado, Hoy como Iglesia nos encontramos celebrando el mes de la Biblia, tiempo propicio para un mayor y mejor acercamiento a la Palabra de Dios que nos habla al corazón para transformarnos en hombres del Espíritu. Este encuentro trasformador debe provocar en nosotros alegría desbordante porque en la Palabra de Dios está su Hijo Revelado para nosotros y para todos, pues El, la Palabra Encarnada, se configura en un alimento espiritual para la vida de todo cristiano.

Asimismo, como Orden de Hermanos Menores, y como Familia Franciscana en general, celebramos los 800 años de la Regla Bulada (1223) que el mismo Francisco la define como “libro de la vida, esperanza de salvación, medula del Evangelio, camino de perfección, llave del paraíso, pacto de alianza eterna” (VBF 208). Con estas afirmaciones redactadas por el mismo Tomas de Celano, nos queda de manifiesto que este texto que comienza con la siguiente afirmación “La Regla y vida de los hermanos menores es ésta: observar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo”, revela de inmediato la centralidad de la Palabra de Dios en la vida de Francisco y en la de los primeros hermanos.

II. Centralidad de la Palabra de Dios en los Escritos de San Francisco

Ciertamente, Francisco de Asís no fue un hombre de letras, un erudito o un intelectual; lo reconoció bastantes veces él mismo, pues se autodefine como “ignorante e indocto” (CtaO 39). Esta autodefinición no es una dificultad a la hora de acercarse a la Palabra de Dios pues, aunque no es Francisco un estudioso de ella, sí es alguien que escucha la Palabra y principalmente la Vive, ésta es su mayor virtud; y ¿Cómo la vive?: sin glosa.

Ahora bien, haciendo una reflexión atenta, y sin prejuicios de su vida y sobre todo de sus escritos, descubrimos en ellos que Francisco fue un hombre totalmente inmerso en el mundo de la Escritura, hasta llegar hacer de ella su ambiente vital. El inicio de su Carta a los Fieles revela este comportamiento profundamente existencial en relación con la Palabra de Dios: “Puesto que soy siervo de todos, a todos estoy obligado a servir y a administrar las fragantes palabras de mi Señor. Por eso, considerando detenidamente que, dada la enfermedad y debilidad de mi cuerpo, no puedo visitaros personalmente a cada uno, me he propuesto haceros llegar, por medio de esta carta y de mensajeros, las palabras de nuestro Señor Jesucristo, que es la Palabra del Padre, y las Palabras del Espíritu Santo, que son Espíritu y vida” (2CtaF 2-3). Francisco, por lo tanto, no «estudia» la Escritura; sino más bien, aspira la palabra que es atraída por el Espíritu y de esta manera respira la vida de Dios revelada en su Palabra. Estas fragantes palabras tocan su corazón seduciéndolo al cambio radical de su vida.

Al mismo tiempo, el acercamiento a la Palabra de Dios es realizado por Francisco desde los ojos del Espíritu, en donde lo sensorial y vital ocupan en lugar determinante; asimismo, coloca él toda su potencialidad para que este acercamiento a las Palabras del Señor sea fecundo en su vida “dondequiera se encontrase un escrito divino o humano, en el camino, en casa o sobre el suelo, lo recogía con grandísimo respeto y lo colocaba en lugar sagrado y decoroso, en atención a que pudiera estar escrito en él el nombre del Señor o algo relacionado con éste”., (Mem 82).

Con todo, el acontecimiento de la Palabra permanece siempre para Francisco profundamente radicado en su dimensión eclesial; nos dice Tomas de Celano: “Pero, cierto día se leía en esta iglesia el evangelio que narra cómo el Señor había enviado a sus discípulos a predicar, presente allí el santo de Dios, no
comprendió perfectamente las palabras evangélicas; terminada la misa, pidió humildemente al sacerdote que le explicase el evangelio. Como el sacerdote le fuese explicando todo ordenadamente, al oír Francisco que los discípulos de Cristo no debían poseer ni oro, ni plata, ni dinero; ni llevar para el camino alforja, ni bolsa, ni pan, ni bastón; ni tener calzado, ni dos túnicas, sino predicar el reino de Dios y la penitencia, al instante, saltando de gozo, lleno del Espíritu del Señor, exclamó: «Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica” (Mem 22). Lo que podemos subrayar o destacar aquí es, sobre todo, su convicción respecto de la emergente eclesialidad de la Palabra, que es dada a la Iglesia, que en ella crece y se hace fecunda.

Asimismo, Francisco trabaja incesantemente sobre la Palabra acogida, meditándola sin cesar, hasta asimilarla en lo profundo de su ser, pues, él no es un oyente sordo, sino que más bien, graba las fragantes palabras del Señor en su corazón, “Pues nunca fue oyente sordo del Evangelio sino que, confiando a su feliz memoria cuanto oía, procuraba cumplirlo a la letra sin tardanza” (Mem 22), con ello, esta asimilación de la Palabra escuchada va quedando grabada en la memoria del alma, pues ahí, se enraíza el conocimiento y el amor.

III. ¿Cómo interpreta Francisco la Sagrada Escritura?

En primer lugar, Francisco de Asís interpreta la Sagrada Escritura con la Sagrada Escritura, y desde ahí la explica; es por esta razón, que en sus textos podemos encontrar una serie de concentraciones o concatenaciones bíblicas, como, por ejemplo; 1R 22,30ss; Adm 14.

En segundo lugar, interpreta la Sagrada Escritura desde la dimensión Cristológica, es decir, Cristo vive presente en la Palabra, él ocupa el lugar primordial, esto queda de manifiesto en el texto OfP Sal 1.
En tercer lugar, este acercamiento a la Palabra Francisco lo realiza de manera intuitiva y afectiva, con ello, decimos que el hermano Francisco lee la Palabra con el corazón; esta experiencia lo lleva a adherirse totalmente a Cristo, así lo refleja: la Adm 9; Men 102.

En un cuarto momento, la interpretación bíblica es realizada desde su experiencia vital y existencial, con ello, la Palabra de Dios, la lee desde su presente, pues ésta le habla de su propia vida; esto lo podemos graficar con esta expresión “Así dice el Señor…” ello, nos habla de inmediatez y actualidad, también en la Adm 7; 13.

En un quinto momento, la interpretación bíblica de Francisco es desde lo sorprendente, pues esta palabra es siempre nueva y eficaz en su vida y en la de sus hermanos. Francisco aquí, coloca toda su originalidad y concreción en la vivencia de ella, pues esta Palabra le habla y le exige conversión, ser y actuar. En ella, Francisco de Asís, encuentra no solo fundamentos de fe sino más bien, concreción de vida, así lo reflejan las Fuentes Franciscanas: Adm 8; 14; 15.

En un sexto momento, su interpretación es siempre Eclesial, pues el Evangelio lo recibe en y para la Iglesia; con ello, su pertenencia a la Iglesia es parte de su vocación original, así lo manifiesta Tomas de Celano en VbF 22 o el mismo Francisco en su TesT 12-13.

Con todo lo anterior, hermanos, no desaprovechemos la oportunidad de acércanos a la Palabra de Dios con un corazón puro y sincero, no malgastemos este tiempo que es fecundo, posibilitado por la celebración de los distintos Centenarios, esta es una posibilidad tremenda o una sorprendente posibilidad para volver en este año una y otra vez a la Palabra y a la Regla que es “Médula del Evangelio”.

Que, al escuchar obedientemente la Palabra de Dios, cada uno de nosotros se transforme en Evangelio Viviente, esto lo lograremos solamente en la íntima relación con Dios en su Palabra. Finalmente, pidamos al hermano Francisco de Asís, nos ayude a todos a crecer en el conocimiento de la Palabra de Dios; conocimiento entendido como manifestación de amor y de adhesión a su Palabra que nos sorprende y alienta a todos, en toda circunstancia.

Fray José Manuel Hernández V. OFM
Párroco
Parroquia Apóstol Santiago

Bibliografía:
-Carlos Gil Arbiol, La relevancia actual de la intuición franciscana. Separata de Estudios Franciscanos 112 (2011) 563-590.
-Michel Hubaut, Ofm, Acoger la Palabra de Dios con Francisco de Asís. Colección hermano Francisco, Minor.
-Escritos de san Francisco, B.A.C.

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